lunes, 9 de agosto de 2010

La hija del Cannibal

La mayor revelación que he tenido en mi vida comenzó con la contemplación de la puerta batiente de unos urinarios. He observado que la realidad tiende a manisfestarse así, insensata, inconcebible y paradógica, de manera que a menudo de lo grosero nace lo sublime; del horror la belleza y de lo trascendental la idiotez más completa. Y así, cuando aquel día mi vida cambió para siempre yo no estaba estudiando la analítica trascendental de Kant, ni descubriendo en un laboratorio la curación del sida, ni cerrando una gigantesca compra de acciones en la Bolsa de Tokio, sino que simplemente miraba con ojos distraídos la puerta de color crema de un vulgar retrete de caballeros situado en el aeropuerto de Barajas.
"La hija del Canibal, Rosa Montero"

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